Tras días y días contemplando en la orilla del rio la estrategia utilizada por aquellas niñas para recolectar dinero, supuestamente para ayudar a la numerosa familia, confirmé que siempre las acompañaba una mujer adulta, cuando pregunté quien era la tutora me dijeron que la tía de algunas y la madre de un pequeñajo al que llevaba en brazos. Curiosamente no hablaba ni palabra de inglés y al contrario de las pupilas iba impecablemente arreglada y limpia y se quedaba observando a una distancia prudencial como trabajaban las pequeñas. Cuando intenté comunicarme con ella para saber más de la situación de las pequeñas no conseguí sacarle ni el nombre, utilicé toda mi estudiada expresión corporal para conversar con la señora y tan solo conseguí que empujara a las pequeñas hacia mí y automáticamente ellas siguieron pidiendo con la misma cara que hay que poner cuando estás en una fiesta y hay directores de cine cerca de ti…
Después de tantos días entre críos me di cuenta de que faltaba algo vital, no tenía la sensación de estar con niños, una conversación con cualquiera de ellos y en cualquier ciudad de las que he visitado requería de desconfianza y mucha seriedad, no recargaba mis pilas como los veranos de monitor en las colonias, no me provocaban carcajadas ni me transformaban en uno de ellos, no me atrevo a pensar el porqué y mucho menos cuando repaso mis días en este país y no consigo recordar el llanto de ningún bebe habiendo visto tantos.
Mis notas contaban ya en mi cuaderno más de una semana detrás del crematorio contemplando los cuerpos estallar como “ninots” en fallas cuando decidí que debía buscar un lugar tranquilo y menos espiritual. Hice un barrido de la zona y localicé la pensión Lord Vishnu, a pocos días de ser inaugurada un paraíso para el relax en el cual fui el huésped de honor que estrenaba las básicas instalaciones y que, como manda la astrología, debía traer fortuna al lugar lo que me otorgó un estatus de “semidiós” al que debía de obedecerse en cualquiera de sus caprichos.
Por suerte no soy ningún caprichoso y utilicé aquel estatus para tener unos días más cariñosos y agradables de lo que había sido el viaje hasta aquel momento.
| De Varanasi 2 y el ferri de Port Blair |
Cada mañana saludaba a los búfalos y las búfalas que pastaban relajadamente en la cuadra situada en la misma puerta del hotel. Bodi, el gerente del lugar me daba los buenos días y la reverencia con media sonrisa incrédula al contemplar mis conversaciones con los bóvidos, movía la cabeza con sorpresa, como si yo hiciese algo incomprensible… ¡Yo! Inmediatamente después le daba los buenos días a él y a todo el personal organizadamente dispuestos en sus “tabla-camas” en forma de telaraña para proteger las entradas a las habitaciones durante el sueño. Tuve protección e información de todo lo que necesité durante mi estancia, si había ruidos durante alguna noche, al día siguiente averiguaban de donde había salido la molestia y no volvía a ocurrir y si necesitaba cualquier suministro me lo traían a la habitación como si del Hilton se tratara.
Lo cierto es que en pocos días llené la pensión de colegas y mientras el otro hotel que explotaban los mismos propietarios o las otras “Guess house” de la ciudad vieja estaban medio vacios por el miedo generado por los atentados del pasado Noviembre en Bombay, Lord Vishnu gozaba de un orgulloso “completo” que destilaba codicia grasienta en todos sus empleados masculinos, y digo masculinos por que las mujeres se dedicaban básicamente a recoger la mierda de todos los animales para hacer sus ensaimadas multiuso y no tenían ningún contacto con los clientes ni ninguna muestra aparente de goce o felicidad ni parecían interesadas en absoluto por el negocio.
Afortunadamente para mi humor, Alejo y Tristán, dos viajeros catalanes que las Primas y yo conocimos en la Om Beach junto con su amigo Marc aparecieron en la ciudad y entre nosotros y nuestra influencia llenamos las habitaciones de huéspedes y yo conseguí dormir sin Diazepán, largo y tendido! Aleluyaaa!
Los días restantes en Benarés fueron, soportando el estrés y el cansancio, mucho más divertidos ya que fui encontrando a todos los colegas que había conocido en otros lugares y que parecía, como yo, que habían entrado en el trance de la muerte y la ciudad les engullía en su hipnotizante plegaria a través del laberinto de sus calles.
Finalmente, llegó el día en el que retrocedía hasta Delhi para allí tomar el avión que me llevaría al sueño de las islas Andamán y Nicobar, no sin antes pasar veinticuatro horas en un tren cargado de cucarachas.
1 comentario:
Hotel deberia estar en facebook...;-) love yu
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